—Está bien —aceptó finalmente Alexander, recostándose en la silla—. Jugaré.
La sonrisa de Liam se ensanchó mientras llenaba nuestras copas de vino.
—Excelente. Las reglas son simples: piensen en la primera persona que se les venga a la mente. Después iremos haciendo preguntas para averiguar quién es.
—Empiezo yo —se ofreció Liam, acomodándose mejor en la silla—. Ya tengo a alguien.
—¿Hombre o mujer? —pregunté.
—Mujer.
—¿Menor de treinta? —preguntó Alexander.
Liam se quedó pensando unos segundos.