—Te necesito.
Ella.
Abrí los ojos de golpe.
Estaba desplomado sobre el volante. La sangre me corría por el rostro desde alguna herida que no alcanzaba a identificar. El parabrisas había quedado completamente destrozado y el aire frío se colaba sin resistencia por el hueco, haciendo que las heridas abiertas me ardieran todavía más.
Me incorporé con dificultad. Un dolor agudo me atravesó las costillas. Haciendo una mueca, me llevé una mano a la frente y, al apartarla, tenía los dedos cubiertos de