—Solo estoy un poco mareada.
—No te preocupes. —Anthony me ayudó a ponerme de pie y me acompañó hasta las escaleras, dejando que me apoyara en él—. Justo acabo de sacar unas galletas del horno. Come algo y verás que te sientes mejor.
Y tenía razón.
Después de acabarme dos galletas, el mareo había disminuido bastante. Al menos lo suficiente como para poder conducir hasta casa. Antes de que me fuera, Anthony me metió unas cuantas más en una bolsita para el camino, y fui picando una mientras conduc