Perspectiva de Ella
Más tarde esa noche, mientras estaba bajo la ducha, con el agua caliente cayendo por mi espalda, mis dedos no dejaban de subir hasta mi boca. No podía dejar de tocarme los labios. El fantasma del beso de Alexander seguía allí, sin importar cuánto me frotara la piel.
No había querido que fuera tan… intenso. Solo quería callar a los periodistas, demostrar que nuestro “amor” era real. Pero en el instante en que nuestros labios se tocaron, algo se encendió entre nosotros. No podí