Podía sentir que me seguía mientras bajaba las escaleras. Sentía su aliento frío y húmedo contra la nuca, tan real que por un instante tuve la certeza de que caminaba justo detrás de mí.
Pero no estaba allí. Era una invención de mi mente. Tenía que seguir repitiéndomelo hasta conseguir creerlo.
—Puedes seguir convenciéndote de que ella te es fiel si eso te ayuda a dormir por las noches, pero los dos sabemos la verdad —insistió la voz—. Y también sabemos cómo ponerle fin a todo esto. La muerte tr