Perspectiva de Ella
Cuando regresamos a la finca, aquel extraño momento en el pasillo del hospital ya se había borrado casi por completo de mi mente. Estaba demasiado cansada para seguir dándole vueltas a todo lo que había ocurrido. Lo único que quería era meterme en la cama, acurrucarme junto a Alexander y dormir unas horas sin pesadillas.
Pero apenas entré en la casa, escuché unas risitas infantiles procedentes de la habitación contigua, seguidas por la voz suave de Anya.
El cansancio desapare