Perspectiva de Alexander
Gabriel entró en mi despacho a la mañana siguiente sin siquiera molestarse en llamar.
La puerta apenas terminó de cerrarse cuando se giró hacia mí, con el rostro endurecido por una furia que rara vez dejaba ver.
—¿Te has vuelto loco?
Levanté la mirada de los documentos que tenía sobre el escritorio.
—Buenos días para ti también, Gabriel. ¿A qué viene tanta urgencia?
—Se lo contaste.
No necesitaba preguntar a qué se refería.
—Le hablaste a Ella de la investigación. De su