—Vamos… —murmuró Ella, forcejeando una vez más con el corsé y frunciendo el ceño—. Maldita cosa.
Di un paso atrás.
Lo correcto habría sido marcharme.
No tenía ningún motivo para quedarme allí observándola mientras intentaba quitarse el vestido. Hacerlo sería comportarme como un maldito pervertido.
Pero entonces la vi luchar sola con aquellos cordones imposibles, claramente frustrada, y algo dentro de mí se negó a dejarla así.
Había estado intentando resolverlo por su cuenta todo ese tiempo.
Y yo