Sabía que Anya estaba feliz de poder encargarse del vestido después de todo. Antes, cuando la organizadora de bodas le había dicho que no hiciera su propio vestido, se había sentido bastante decepcionada.
Pero aun así, no dejaba de preguntarme cómo podría devolverle algún día todo lo que estaba haciendo por mí.
Supongo que podía empezar por romper esta maldita maldición. Solo así podríamos disfrutar de verdad de la boda. Y entonces también podría contarle todo: todas las verdades que había tenid