Me dejé caer en el último escalón de la escalera y me cubrí el rostro con las manos.
No sé cuánto tiempo permanecí allí. Lo suficiente para que las lágrimas se secaran, pero no tanto como para que Alexander regresara. Al final, me puse de pie y me froté los ojos. Necesitaba hablar con él. No tenía sentido que siguiéramos peleando cuando lo que necesitábamos era encontrar juntos una solución.
Recorrí la casa hasta llegar a su despacho. La puerta estaba cerrada, pero podía escuchar las voces de Al