Perspectiva de Lilith
La celda era fría, oscura y húmeda. Lilith ya había perdido la noción del tiempo. ¿Llevaba allí un día? ¿Dos? ¿Más?
Le dolía todo el cuerpo. Los moretones de su rostro palpitaban y la herida sobre el ojo ya había formado una costra, pero ahora la rodeaba un calor punzante que le hacía sospechar que empezaba a infectarse. Permanecía sentada sobre el suelo de concreto, con la espalda apoyada contra la pared y las muñecas en carne viva por culpa de las esposas de plata que le