—Todo va a estar bien —dije mientras la rodeaba con los brazos—. Tu mamá es fuerte. Además, ni siquiera tu padre está tan loco como para hacerle daño. Lo más probable es que termine soltándola y la mande a casa con una advertencia.
—No podemos estar seguros. —Ella se acurrucó en mi regazo como una gata. Se veía tan pequeña, tan vulnerable entre mis brazos. La estreché contra mí y le acaricié el cabello—. ¿Y si mi padre no la deja ir? ¿Y si...? ¿Y si de verdad termina perdiendo la cabeza?
No tení