MÍA
No puedo creer que esté aquí, de nuevo, en Rusia, a solo un par de minutos para volver a ver a Basil, los nervios hacen estragos en mi cuerpo, desde que llegamos al aeropuerto, no he dejado de temblar, mi corazón palpita con tanta fuerza, que estoy consciente de que incluso puede llegar a salirse de mi pecho.
Me remuevo inquieta sobre el asiento del auto en el que viajamos Franco y yo, por más súplicas que le hice a mi padre, no aceptó que no viniera Ángelo en lugar de Franco, ¿por qué? Seg