BASIL
—¡Boss, su madre y su tío lo están esperando en la fortaleza! —me dice uno de mis hombres.
El ruido del helicóptero hace que la cabeza me estalle, las heridas que me sangran no se comparan con lo ardido que estoy, dejar a Mía en Italia, por culpa de su padre, es algo que me lo va a pagar Lucian Bennett, muy caro.
Donovan y yo subimos al auto que nos espera, en cuanto cierro la puerta, él se comunica con sus Voyevikis.
—Me parece que, de esta, no vas a escapar —argumenta de mal humor.
—No