MÍA
En cuanto abro la celda, Basil se viene contra mí y me besa, siento que el alma regresa a mi cuerpo.
—No deberías estar aquí —me susurra al oído—. Pero me alegra que lo hicieras.
Me tomo un par de segundos para inspirar su olor.
—No quisiera interrumpir, pero debemos marchar antes de que vengan los cuervos del Capo, y terminen de matarnos —dice Donovan.
Le miro, tal vez no debería hacer esto, pero lo hago de todos modos, no sé si las cosas pudieran cambiar en algo, sin embargo, quiero qu