—No necesito ayuda…
Una vez más, Basil Sokolov me acorrala contra la pared, esta vez sostiene mis manos por encima de mi cabeza, el aire se me comprime en los pulmones y me atacan los mareos.
—No tienes trabajo, tampoco dinero —espeta con firmeza—. Por lo que escuché, no puedes obtener la herencia de tu padre si no te casas, y dudo que quieras pedirle el favor a Lance, contando que tu padre fue claro con que no fuera él tu esposo.
Tenso el cuerpo, ahora mismo ni siquiera me preocupa la cercanía