MÍA
—Emma —repito sin poder creerme que ella esté aquí, es decir, parece tan irreal y al mismo tiempo la desconfianza nace en mi interior.
Sus enormes ojos me sonríen, luego se enfocan en Ludo y su mirada se ensombrece.
—¿Qué ha pasado? —le pregunta en tono serio.
—No fue fácil deshacernos de los hombres de Basil.
Ella hace una mueca.
—¿Estás seguro de que nadie los ha seguido?
—Sí.
Ella suelta un suspiro lleno de cansancio.
—Vale, está bien por ahora.
Miro a los dos de hito en hito.
—