NARRADOR OMNISCIENTE
—No deberías estar aquí.
Dimitri observaba con cierta inquietud a Portia, quien caminaba con cierta fluidez como en el pasado, ya se había cansado de esperar a que Basil acudiera a ella, de que se diera cuenta y reconociera de que ella era la única mujer que lo amaba, y no Mía Bennett.
—Parece ser que ya puedes caminar —ironizó Dimitri, al tiempo que le daba una calada a su cigarrillo.
—Sabes tan bien como yo, que lo de mi estado de salud es una farsa.
—Un asqueroso jue