MÍA
—Ella estará bien.
—¿Cómo puedes asegurarlo? No se ve nada bien, ¡haz algo! ¡Haz que despierte!
—Señor, tiene que tranquilizarse, en seguida vuelvo.
«Esa voz»
Comienzo a removerme inquieta, las imágenes de lo sucedido hacen que abra los ojos, la boca la siento seca, el cuerpo adolorido y el miedo de haber perdido a mi bebé, hacen que me quiera incorporar con rapidez.
—Cariño.
Levanto la mirada, ver a mi padre me llena de sorpresa, en especial porque aún no me puedo creer que esté aquí.