MÍA
Me congelo con las palabras que dice el italiano que parece agitado, no, no puede, se supone que mi padre se ha encargado de que no me encuentre, ¿cómo es que siempre sabe en donde estoy? Retrocedo un paso sin darme cuenta de que incluso he perdido toda capacidad de poder respirar por mi cuenta.
Franco parece darse cuenta de mi estado, frunce el ceño y se acerca a mí, tomando mi mano y colocando dos de sus dedos en la muñeca para revisar mi pulso.
—Los latidos de tu corazón están acelerad