MÍA
Basil camina de un lado a otro, no deja de hablar por teléfono en ruso, mientras el doctor con su asistente, me terminan de tomar la presión, la cabeza me duele, no puedo creer que apenas hayamos pisado la nueva casa, y ya esté hecha cenizas, lo poco que alcancé a escuchar al despertar, fue que al parecer fueron los Calabria, una organización secreta en la que estaba Portia.
Pensar en ella solo hace que mi estado se desmejore, Basil no lo vio, pero yo si, la manera en la que ella lo veía