Isabella clavó su lanza en el suelo y se recogió el cabello. El viento del norte soplaba furioso, haciendo que sus ropas ondearan con fuerza.
Levantó ligeramente el mentón y su mirada se tornó dispuesta al desafío.
—¿Solo tengo que vencerte?
—¡Exacto! —exclamó Deogracias en voz alta. —Si logras derrotarme, te juro que te seguiré hasta la muerte y jamás volveré a cuestionarte.
—¡Bien hecho, Capitán Deogracias!
—¡Dale una lección! ¡Que sepa lo que es comer del mérito militar de su padre y pisotear