Era una pequeña colina, desnuda de vegetación, con las hojas de los árboles ya caídas. Los caminos serpenteaban hacia arriba, conduciendo a las cumbres más altas. El viento soplaba fuerte, ululando como si mil fantasmas allí lloraran .
Benito de la Torre Montemayor se encontraba en lo alto de la colina, con las manos cruzadas a la espalda, mirando hacia el sendero a su izquierda. Al lado de ese sendero se erguía una lápida sin inscripción.
—Esa lápida sin palabra ni filigrana alguna fue erigida