A la mañana siguiente, Raulito se despertó. Aunque seguía sintiendo dolor, ya no era tan intenso como cuando le realinearon el hueso. A pesar de su sufrimiento, el niño se esforzaba por sonreír y consolar a su tía y a sus abuelos. Su fortaleza conmovía profundamente a quienes lo rodeaban.
Sin embargo, el tratamiento en la garganta debía continuar. Según el doctor Escarlata, no podían interrumpirlo. Ayer, debido al procedimiento en su pierna, pero no se podía posponer.
Especialmente después de qu