Isabella lo miró fijamente, y en su hermoso rostro apareció una sonrisa distante.
—La general Maiquez de verdad que se preocupa por mí, reservando la mitad de mi dote.
—No, esta no es una carta de Desislava, ella no la escribió.
Se defendió, pero la firma al final de la carta hizo que su defensa fuera ineficaz. Los ojos de Isabella se entrecerraron.
—¿En serio? Entonces le pregunto. General, si hoy se divorcia de mí, entonces ¿me devolverá toda la dote y me permitirá llevármela?
Antes de ver la