Después de que el doctor Dagel se marchó, Isabella decidió hablar directamente con Raulito sobre el procedimiento, dándole la oportunidad de expresar su opinión. Sin embargo, también sabía que no podía depender completamente de la decisión de un niño; pero su opinión ayudaría a que las conversaciones con la familia Conrado fueran más claras.
Raulito, al escuchar a su tía, sonrió mientras se recostaba en su regazo. Luego comenzó a escribir palabra por palabra en la palma de su mano:
—De hecho, el