Isabella también lo notó: cada vez que él comía tosía, sus mejillas se enrojecían por el esfuerzo. Obviamente, no toleraba bien el picante.
—¿Por qué elegio pues la fonda picante del mercado? —preguntó.
Ella acercó el menú sin picante hacia él.
—Aunque te guste la comida picante, hoy tienes la garganta irritada. Será mejor que comas algo más suave.
—La garganta sí me molesta —Benito aclaró, despejándose la voz, mientras el picor ardía en su boca, haciéndolo sentirse realmente incómodo.
—Voy a pe