La criada Filomena torció el gesto, sintiendo un poco de lástima.
—Esta pintura es tan vívida que parece que las flores de ciruelo florecen ante nuestros ojos. Las ramas son hermosas, con pequeños brotes verdes que empiezan a salir. Decir que es una obra desechada me parece un desperdicio. Regalársela a la Gran Princesa es malgastar una joya.
—No importa, tengo muchas pinturas de ciruelos que ya ni caben en la biblioteca. Mi maestro siempre ha tenido predilección por pintar ciruelos. Por cierto,