Isabella apretó los dientes y le dijo a la criada Filomena:
—A partir de esta noche, usted me enseñará a hacer bordados, quiero bordar uno perfecto.
Las cosas que dejó sin resolver en su juventud debían ser arregladas ahora. Ella podía aceptar no ser perfecta, pero no podía tolerar haber regalado por toda la ciudad productos defectuosos.
Lo que aún le generaba dudas era por qué su madre guardó esos pañuelos. Eso lo entendía. ¿Pero por qué el Benito también lo había conservado? ¿Y por qué lo llev