Eduardo, entre palabras y gestos, no escatimó en halagos para los espectadores. A fin de cuentas, ¿a quién no le gusta escuchar cosas agradables? Con sus palabras, logró despertar en la multitud un sentido de lealtad, y pronto todos comenzaron a lanzar duras críticas contra los Vogel.
La vieja Rosario, al ver que no podía manipular moralmente a Isabella y que Isabella ni siquiera había salido a enfrentarla, entendió que no lograría su propósito ese día y no tuvo más remedio que irse sin lograr s