Desde fuera del fuerte, se escuchaban gritos desgarradores, tan terribles que casi hicieron que Desislava se desesperara aún más de no saber que a ella le aguardaba.
Sabía perfectamente qué tipo de castigo estaban sufriendo, porque era el mismo que ella había infligido al joven oficial capturado… no, al príncipe del reino enemigo.
Ella misma le habia cercenado los testículos, observando cómo se retorcía en el suelo tal sanguijuela sangrienta. Si él hubiera gritado, quizás ella habría detenido la