Para Adina, Alden era un niño obediente y sensato. No lloraba desde que tenía dos años.
Pero en ese momento, su obediente y sensato Alden sollozaba con fuerza mientras las lágrimas corrían por su cara.
Rápidamente se acercó a él y se arrodilló para secarle las lágrimas.
"Al, Mami está aquí. Mami está aquí contigo. No llores, no llores...".
Abrazó al pequeño Alden y le acarició la espalda.
"Mami... Mami...".
Él lloraba sin parar. Poco a poco se fue calmando.
Ella le sujetó las manos y