Adina se quedó atónita.
‘Ya no soy una niña pequeña. Tengo veintitrés años y soy madre de cuatro hijos…’.
‘Una persona desconocida está acechando en mi patio, pero este hombre está…’.
Adina se sonrojó mientras su pulso se aceleraba.
Apretó los dientes, fulminando a Duke con la mirada.
Ella se veía preciosa. Sus ojos reflejaban la lámpara de la sala, parecía como un cielo estrellado. Duke podía ver su reflejo a través de sus oscuras pupilas.
Sus brazos se volvieron más cálidos al apreta