Los criados tenían instrucciones de no entrar ni molestarle.
Duncan también salió por la puerta varias veces. Le pudo el impulso, pero aun así no se atrevió a abrir la puerta.
Al oír el ligero repiqueteo del teclado, Duncan supo que Everett debía estar ocupado con algo serio.
Pero Everett no comía, bebía ni dormía durante tanto tiempo.
Duncan no pudo evitar fruncir el ceño.
Si seguía así, ¿cómo podría soportarlo su cuerpo?
Mientras Duncan no podía evitar las ganas de llamar a la puer