Mi hermano encontró una posada con facilidad, y el dueño nos recibió con entusiasmo, conversando familiarmente con mi hermano como si fueran viejos amigos.
—¡Ah, Martín! Hace tiempo que no venías. ¿Finalmente encontraste una novia? Qué bueno, ya no tendré que preocuparme por ti.
—No, tío, no digas eso. Me llamo Luna, él es mi hermano mayor.
Me sentí un poco avergonzada al ser confundida con la novia de mi hermano y rápidamente corregí al dueño.
—¿Una hermana no consanguínea? Martín, tu hermana