—¿Así que apenas me ves y ya quieres esclavizarme? Sueña, — dije con desdén. —No soy uno de esos novios obedientes y serviciales. —
—Estoy agotado.
Dije sin siquiera mirarla. Considerando las cosas que ella había hecho, el simple hecho de ir a buscarla ya era un acto de generosidad de mi parte. No había manera de que la dejara esclavizarme. Al verme subir al auto con indiferencia, dejándola atrás, comenzó a patear el suelo furioso. Me hice el desentendido y no le presté atención; al final, tuvo