Flora, que adoraba el prestigio y siempre buscaba quedar bien, se puso roja de ira al escuchar mis palabras. Cambió su habitual actitud suave y delicada por una de furia, como si quisiera escupir fuego por los ojos.
—Luna, si no me invitas, se lo diré a Sergio.
—Ve y diles a quien quieras .
Los espectadores, divertidos por mi comentario, se rieron , dejando a Flora en una situación incómoda. Así que eran un grupo de falsas amigas.
Flora, indignada, sacó su teléfono y llamó a Sergio. Puso el alt