Realmente no hice nada, ¿cómo es que terminé ofendiendo tanto a Flora, hasta el punto de que venga a mi casa a desafiarme? Al ver que Sergio no la apoyaba, las lágrimas de Flora empezaron a fluir sin cesar. Se aferró a la cintura de Sergio y hundió su cara en su pecho, llorando desconsoladamente.
—Luna, no seas así. Sé que mi padre está en prisión y que nuestra situación económica no se compara con la tuya. No pretendo igualarte. Solo quería verte. Si me miras con desprecio, me iré ahora mismo