Mientras yo estaba dudando, desbloqueé el móvil con un toque. La voz de Sergio sonó clara a través de la pantalla.
—Luna, abre la puerta.
Hablaba conmigo con el mismo tono de siempre, algo arrogante y mandón. En el pasado, yo lo admiraba y nunca sentí que hubiera algo malo en su manera de hablar. Al contrario, pensaba que Sergio debía ser así, distante y despectivo. Pero ahora que ya no lo admiraba, su voz me resultaba incómoda.
—¿Qué quieres?
Pregunté, irritada por su tono.
—Vine a verte, me