El teléfono sonó durante diez minutos seguidos sin parar. Nadie habló, pero todos sabían de dónde venía la llamada. Miguel dejó pesadamente la botella de vino sobre la mesa del comedor con una expresión de insatisfacción. Leticia suspiró, dejó la vajilla y dijo impotente:
—Martín, regresa.
Martín se quedó quieto, simplemente sosteniendo la mano de Luna debajo de la mesa y apretándola con fuerza.
—Martín, regresa a casa. Pronto comenzarán las clases y podremos estar juntos todos los días. Agreg