—Duerme bien, colabora, Martín, cariñito. —Le susurré, olvidando por un momento que había alguien más alrededor.
—No, beso, beso. —Frunció los labios lo suficiente como para alcanzarme, y me asustó para que usara todo el poder de la naturaleza para presionar al hombre contra la almohada.
—Martín, colabora, a Luna no le gusta el olor a alcohol, ¿me besarás cuando te despiertes?—Me costó mucho esfuerzo persuadirlo, y cuando recordé a Sergio, me di cuenta de que ya se había ido.
A través de la p