Sergio no habló, ni siquiera miró a Martín, pero siguió mirándome fijamente. Ese tipo de mirada, a mi entender, debería llamarse dulzura, no era adecuada para la relación actual entre él y yo, y me hacía sentir un poco incómoda.
Desde que se recuperó de su lesión la última vez, siempre había sido así de frío e indiferente, como si no lo mirara a los ojos ni se lo tomara en serio. Pero después de este frío e indiferencia, siempre me daba la sensación de que claramente se mantenía al margen de lo