Fruncí las cejas, pero no dije una palabra.
Con estas palabras, en silencio confirmó mi carácter mezquino e insociable.
—Mamá, qué va, no digas tonterías. —Hernán me apretó los hombros y dijo con voz baja.
La Sra. Hernandéz miró a Hernán con disgusto y dijo con una sonrisa:
—¿Qué más te avergüenza, niño?, ¿Quién acá no lo saben entre los presentes tíos? Después de tener una chica que te guste, simplemente dejar atrás a Lola. Déjame recordarte que Lola es mi ahijada. No importa con quién te c