Hernán se sentó en el sofá más cercano a mí y me miró fijamente por un momento, su rostro siempre tenía una sonrisa amable y sus ojos marrones estaban llenos de espectativas.
Su sonrisa me recordó a aquel Hernán de la escuela secundaria.
En ese momento, todos teníamos diecisiete o dieciocho años, además del pesado trabajo escolar, simplemente nos exprimíamos todo el tiempo para jugar. En la clase de gimnasia, siempre intentaba seguirme cuando corría por el patio de recreo en un círculo. Cada v