Al levantar la vista, vi a Sergio y Flora tratando de detener un taxi.
Era temprano, y pasaban pocos coches en este momento.
Parecía que habían estado esperando un tiempo, ya que ningún auto se detenía. Flora estaba visiblemente ansiosa, pataleando el suelo con impaciencia.
Precisamente en ese momento, llegó el coche para recogerme:
—Señorita Lánchez, el señor Hernández me pidió que te llevara al aeropuerto.
Coloqué mi mochila y estaba a punto de subir al auto para irme, pero esos dos me miraban