Dicho esto, Carmela puso en mi tazón una gamba que acababa de pelar, y me indicó que la comiera.
Frank también me prestó atención y dijo a Carmela:
—A luna le gusta la gamba. Pela algunas más. Por cierto, Martín, asegúrate de cuidarla bien en la Escuela, ¿de acuerdo?
—Sí, estoy pelando, ¿no es así? Si me encuentro lento, ¿no podrías echarme una mano?
—Papá, mamá, disfruten de la comida. Yo me encargaré de pelarlas.
Me sentía tan feliz al ser cuidada por casi toda la familia de López, pero me pre