Helena se quedó tan sorprendida e indignada por el descaro de Daniel que le costó esperar a que estuvieran en el hotel, pero nada más cerrar la puerta de la suite cargó contra él.
—¿Qué se supone que es tan importante para que tenga que saltarme la cena?
Él le lanzó una mirada feroz.
—Has accedido a buscarme una esposa. ¿Ya lo has olvidado?
—Aún no sufro demencia senil, aunque no tardaré en padecerla si sigo trabajando contigo.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Quiero decir que me parece una groser