UN MES MÁS TARDE.
Eileen estaba cada día más desesperada. George no había logrado dar con ni la más mínima pista que la pudiera guiar hasta el paradero de su hijo y la policía parecía estar comprada por los malhechores, dado que, después de tanto tiempo, no habían hecho ni el más mínimo avance.
—No puede ser que no den con ninguna pista —le dijo a Joseph, tomando un mechón de su cabello y comenzando a juguetear con él, un tic que se despertaba siempre que estaba nerviosa—. No sé qué más hacer.