Capítulo 64. Segundos que estremecen
—No te muevas, Aletta. ¡Quédate ahí! —ordenó Adrian con la voz ronca, casi quebrada.
Aletta se sobresaltó y quedó paralizada al sentir algo cálido filtrarse bajo su vestido de trabajo, humedeciendo la piel de sus muslos.
Cuando bajó la mirada, el aire se le atascó en la garganta. La mancha roja se extendía sobre la tela, visible, impactante, aterradora.
—Adrian… —susurró, con la voz casi devorada por el miedo repentino que la dejó sin fuerzas.
El dolor la golpeó en el bajo vientre, agudo, como