Mundo ficciónIniciar sesión—El silencio en la fábrica abandonada era tan profundo que Lucía podía oír el roce de sus propias pestañas al parpadear. Adrián permanecía de rodillas en el suelo polvoriento, su cuerpo inmóvil como una estatua de dolor. Victoria había retrocedido hasta la entrada, su rostro pálido a la luz de la luna.
Lucía se quedó paralizada. Su mente se negaba a procesar las palabras de Isabel. C







